En esta lección analizaremos los cambios de las sociedades en el uso de la energía a través del tiempo y la necesidad permanente de ahorrar recursos y energía.
Antes de la revolución industrial los granjeros reconocían el valor de la energía natural. Sabían que su productividad dependía del sol, lluvia, tiempo, suelo y demás. La gente que vivía en las granjas también se daba cuenta de que el trabajo humano era necesario para la productividad. Como ellos pudieron ver el efecto de la energía natural y conocieron el efecto del trabajo personal, creían en el valor de la naturaleza y del trabajo humano. Cuando la gente con estas ideas acerca de la energía se desplazó a las ciudades como consecuencia del progreso de la revolución industrial. Su forma de trabajo hizo que el principio del período industrial fuera competitivamente efectivo. Las culturas que incluyeron estos valores dentro de las nuevas fuentes de energía crecieron mucho más rápidamente que las que no lo hicieron. Estas culturas tomaron posesión de las fuentes de energía, lo que les dio el poder mundial sobre las culturas que funcionaban según esquemas primitivos y adaptados a la estabilidad de la energía solar diluida.
Pronto los sistemas económicos industrializados se colocaron en la cabeza de la competición por lo que sus decisiones acerca del uso y exceso de fuentes y bienes, tiempo de ocio y nuevas energías dejaron de tener importancia. Al principio, los desechos no afectaron su estatus, ya que tan sólo ellos poseían el desarrollo tecnológico para poder utilizar los nuevos combustibles fósiles. Una generación completa o más dejó de aprender el valor de la energía natural. Se pensaba que siempre se podría obtener más energía. Se pensaba que la nueva tecnología podía hacer cualquier cosa sin las limitaciones impuestas por la disponibilidad de energía.
Al aumentar el tamaño de las ciudades, el mayor flujo de energía en las industrias, centrales energéticas y granjas industrializadas fue absorbido por el mayor número de personas, convertidos en los consumidores finales de la cadena alimentaria. La gente tenía muy poca idea del significado de la energía, aparte de que les servía para comprar, llenar el depósito de su coche o enchufar sus aparatos. El dinero que pagaban por la gasolina y la electricidad era muy poco, ya que pagaban tan sólo por el trabajo de entrega, no por la energía real de los combustibles y el flujo energético empleado.
Hoy nos damos cuenta que nuestros recursos energéticos no son inagotables y que su explotación es costosa, por ello es necesario recobrar la conciencia del origen y el flujo de la energía y valorar su uso en cada momento.